Ingeniero Industrial de día, judoka a todas horas

Toda la vida en el judo

Al principio, pues como tantos y tantos chavales en el mundo, por imposición de los padres. La típica actividad después de las clases que unos días ‘mola’, y otros días es un auténtico ‘coñazo’ porque te quieres ir por ahí con los amigos a jugar a otras cosas. Pero como él explica muy bien, con la entrada de la adolescencia en los 13-14 años de edad, se produce un cambio de mentalidad que para algunos significa dejarlo y dedicarse a disfrutar del tiempo de ocio después de los estudios, y para otros como Daniel representa la entrada en la competición de verdad, en adoptar el judo como una forma de vida que abarca lo que pasa dentro del tatami y también fuera del club.

Llegas a un punto donde decides meterte a fondo en ello o lo dejas, y prefieres estar con los amigos, te echas novia… yo tomé la primera opción y pasé de dos entrenamientos a ir de lunes a viernes a entrenar. Empiezas a competir en un nivel más serio y poco a poco vas metiendo cabeza. Sobre esa edad vi que realmente me gustaba mucho y que quería meterme ahí”, confiesa Daniel, quien solo tiene palabras de agradecimiento para su Club Deportivo Ronin (uno de los clubs más antiguos de Valencia), su “casa” como también lo define, y para el que fuera su mentor. “Mi profe, Ignacio Alcíbar, fue uno de los que trajo el judo a Valencia, me empezó a dar clase y ahora su hijo es mi profesor. Ignacio ha sido un profesor estupendo, desde el principio ha apostado por mí y ha puesto mucho interés desde siempre, buena parte de lo que he conseguido es gracias a él.

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Fuente: http://www.yosoynoticia.es/
Foto portada: arajudo.com

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